El Expreso del Sol: Cuando la literatura es historia

Por Beatriz Vanegas Athias

La poeta y narradora Pilar Vélez ha escrito una bella novela casi testimonial. Utilizando la metáfora del viaje, narra la historia de Colombia, desde su historia personal. A los capítulos los nombró Estaciones. Cada estación es un conjuro del dolor de un país inmerso en la guerra y en el dolor de la inequidad. La historia inicia en Miami, un lunes 24 de octubre de 2005, en medio de una tempestad con visos de huracán que llamaron Wilma.

Los personajes que configuran la historia son tres mujeres: la abuela, de nombre Rosario González, viuda  de Trujillo; Violeta, la taciturna y traumada madre de Corintia. Y Corintia, hija de Violeta y  alter ego de la autora, voz que narra desde un tono omnisciente, pero no carente de tensión toda la historia de El Expreso del Sol.

Es la historia de estas tres mujeres pero también es la historia de Colombia desde la época de La Violencia hasta el surgimiento del narcotráfico, con todos los horrores de la guerra, los desplazamientos, el maltrato infantil, el maltrato a la mujer, el abuso a menores, la droga, la delincuencia juvenil, la pobreza extrema, la desigualdad social y todas las consecuencias que esto trae.

Los tres pilares

Sin duda la abuela es el personaje que determina la vida y el devenir de los hechos que rodean a Corintia. Ella, Rosario González es una guerrera, no porque haya empuñado un arma, sino porque resistió las más infames situaciones a las que ser humano alguno pueda sobrevivir.

Su tragedia inicia con la muerte del marido, el abuelo de la narradora y padre de Violeta. El abuelo Marco Trujillo, un orgulloso liberal quien nunca ocultó su posición política, gaitanista hasta los tuétanos, de quien la abuela afirmaba que “el abuelo Y Gaitán eran uno solo, si los hubiese visto hablar me creería. Ambos querían ser presidentes. Según la abuela, Gaitán hizo que los liberales brotaran de las piedras y que los conservadores se volvieran gaitanistas, unidos por la flama de su arenga: El hambre no es liberal ni conservadora”

Tiempos estos de principios y convencimientos ideológicos por los que tristemente se perdía la vida. Tiempos en los que la esperanza de una nación se centraba en un líder por el cual se podía dar la vida sin pensar en la familia y el desamparo que podían padecer al heredarle el pecado de ser liberal o cachiporro.

Allí inicia la tragedia de estas tres mujeres. Y entre dolor y dolor, la autora denuncia la infame intervención de la Iglesia católica, que aupaba la guerra en nombre de un Dios que eligió partido político. Es así como Roberto, el hermano de Marco Trujillo, falleció y el cura no le quiso dar los óleos ni celebrar la misa por su muerte, no le quiso siquiera abrir la puerta de la iglesia porque él era evangélico, esa fue la excusa que le dio el cura, leamos:

 “(…) ¡Cuántas veces les he dicho en el sermón que ningún evangélico pondrá un pie ni vivo ni muerto en mi iglesia!

El abuelo quedó de una pieza y solo atinó a replicar:

Le juro que todo me imaginé menos que usted le negara los santos óleos.

(…) Padre si usted sabe que mi hermano creía en Dios. Recuerde que usted mismo lo bautizó, le dio la primera comunión, lo confirmó y hasta lo casó con Matilde.

_ ¡Sí, pero yo no lo volví evangélico!

(…) ¡Eso es un pecado imperdonable don Marco! ¡Un acto inexcusable a los ojos de Dios! Si su hermano pecó, yo no voy a pecar contra Dios! ¡Las reglas son reglas!

 La discusión siguió y se puso más acalorada, para rematar el cura dijo:

“¡Ese muerto es su problema! ¡Dígales a sus amigos liberales, a ver si lo ayudan!”

_Padre –reviró el abuelo, a un tris ya de explotar-, esto no tiene que ver con la política. Yo no lo puedo obligar a que le dé los santos óleos, pero al menos préstenos las llaves del cementerio para poder sepultarlo

_¡¿Qué quéee?! (…) llévese a su muerto a otra parte y asegúrese que no me dejen basura ni porquerías en el andén de la iglesia.”

Diálogos contundentes que connotan una realidad cruda padecida por un pueblo que ha aprendido a convivir con su victimario, que castiga a quien piensa distinto, a quien no se alinea al dogma y al conservadurismo imperante durante casi dos siglos de historia republicana: “El único pecado que había cometido el tío Roberto era haber leído la Biblia, lo que la iglesia católica tenía estrictamente prohibido a sus fieles”

Así pues, a don Marco el hecho de defender a su partido con fervor desinteresado, lo llevó a la muerte, pensó que como era honesto trabajador, conocido en esa población, no le iba a ocurrir nada, pero ello no hacía parte del accionar del ejército de pájaros que era el bando armado del centralista y gobiernista partido Conservador: no lo podían dejar vivo: “A don Marco lo mataron porque era liberal y ¡harto que se lo dijimos! que se arrepintiera y se declarara conservador o de lo contrario que se fuera bien lejos con su familia si quería seguir con vida. Ese fue el comentario generalizado de un acontecimiento que no sorprendió a nadie”.

Fue el inicio del fin, la abuela, matrona que tuvo que huir, se llenó de miedo y luego de amargura. Sólo hasta el último día de su existencia superó el temor de ser la víctima de una violencia que si no vendría por parte de “Los pájaros”, si llegaría de manos de la violencia resucitada en la descendencia de éstos. Y aquí, la novelista Vélez, configura otra verdad infame de la guerra colombiana: la violencia es heredada como quien hereda un principio, una hectárea de tierra o un comportamiento.

Por ello en el  “El Expreso del sol”, la autora recorre en cada estación un camino que nos muestra las diferentes versiones que ha tenido la belicosidad en Colombia durante el siglo XX: el período llamado La Violencia, la aparición de las guerrillas, la muerte del líder Jorge Eliécer Gaitán, la aparición del narcotráfico, el desplazamiento. Y ella, Corintia es la punta de quiebre de tantas violencias, porque a pesar de haber padecido la férrea y hasta cruel educación de una abuela que asimiló su dolor con el silencio y los malos tratos, ella Corintia, regresa a recoger sus pasos para dirigirse a la luz, a la limpieza y el conjuro de tanto odio.

Un personaje fuerte y muy simbólico es la segunda de las tres mujeres, la hija de la abuela Rosario y madre de Corintia. Nos referimos a Violeta. Ella asimiló el dolor de haber estado con el cadáver del padre, con un silencio y hermetismo que representa el miedo de generaciones de colombianos que sólo en el siglo XXI, se están atreviendo a narrar, escribir, cantar o tejer su padecimiento.

Violeta es una flor truncada en mitad de la vida. Qué personaje tan poderoso para entender el miedo, nos brinda la escritora Pilar Vélez.

Corintia es la tercera generación que sufre la violencia en su familia de tres mujeres. Familia de mujeres solas que se deshacen o empozan su dolor a su manera. Corintia sin embargo, es la luz, su viaje es hacia el perdón, hacia la reconciliación. Desde la dedicatoria del libro  a esas mujeres, se inició el proceso de reconciliación.

Epílogo

El Expreso del Sol de Pilar Vélez es una novela que narra de manera poderosa y sin mayores pretensiones la historia de este país. En su gran mayoría al terminar cada párrafo, hay una frase contundente, en otras ocasiones totalizantes y en otras poéticas. Se nota el oficio de poeta en la contundencia de los diálogos

Desde el principio mantiene el suspenso de qué es aquello que ocurrió,  que es eso que ella quiere descubrir, qué les pasó a esa tres mujeres, porque actúan de esa manera, la abuela muy cruel, la mamá muy elevada, depresiva y escondiendo a su hija; y por último qué es lo que va a ocurrir con Corintia.

Beatriz Vanegas Athias. Escritora colombiana (Majagual, Sucre, 1970). Magíster en Semiótica de la Universidad Industrial de Santander. Premio Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia (1993). Premio Departamental de Poesía Fondo Mixto de Sucre (2000); Premio Internacional de Poesía “Pilar Paz Pasamar”de Jerez de la Frontera, España (2010); Premio Nacional de Poesía Casa de Poesía Silva (2012).
Ha publicado: Galería de perdedores, poemas 2000; Los lugares comunes, poemas, 2006; Crónicas para apagar la oscuridad, crónicas y reportajes, Editorial UIS, 2011;Con tres heridas yo, poemas, Editorial Caza de Poesía, 2012; De la A a la Z Colombia, poemas infantiles, Editorial Everest, España, 2012; Ahora mi patria es tu cuerpo, antología, 2013; Divulgación Cultural UIS; El canto de las moscas y la predicación sobre la violencia ocultada (ensayo) Cuadernos Cuynaco, UIS, 2013. Festejar la ausencia (antología) Colección Un libro por centavo de la Universidad Externado de Colombia (2015), Todos se amaban a escondidas  Ediciones Corazón de Mango, (2015)

En la actualidad es columnista de El Meridiano de Sucre y de El Espectador, además, editora de Espiral, Revista de Docencia e Investigación del Centro de Estudios en Educación de la Universidad Santo Tomás.
Pubicado en: Artículos, El Expreso del Sol, Libros recomendados
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