El Expreso del Sol: Conjurar la violencia

“Estás esperando un tren. Un tren que te llevará muy lejos. Tú sabes dónde quieres que este tren te lleve, pero no sabes dónde te llevará. Pero no importa, porque estaremos juntos…”

Inception, Christopher Nolan

Por Fabián Mauricio Martínez G.

El Expreso del Sol de Pilar Vélez nos propone un viaje a través del tiempo. La narradora principal se ubica en el año de 2005, en un apartamento en Miami, bajo el acecho del huracán Wilma, el cual se aproxima con la amenaza de destruirlo todo. Mientras esto ocurre, la narradora nos seduce con la promesa de contarnos su historia. Una búsqueda de sí misma, la cual extiende sus redes a través de la memoria de una familia, que a su vez revela las costuras de un pasado colectivo y violento: el de Colombia.

La narración se muda a principios de la década de los sesenta del siglo pasado, y asistimos a un recorrido extraído de los parajes de la historia y la nostalgia. Una madre, muy joven, y su hija, toman el tren en la estación de Chiriguaná, con el fin de viajar al sur del país, apearse en Honda y continuar su recorrido, en bus, hasta la ciudad de Cali, en el Valle del Cauca. Allí vivirán en la casa de Rosario González, la abuela de la narradora. Una matrona que llegará a vivir más de noventa años, en cuya memoria reposa la mayor parte de la sustancia narrativa de esta novela.

En el barrio La Múcura, madre e hija recién llegadas, se asentarán y vivirán por unos años. Un suburbio acechado por pistoleros, ladrones, asesinos y violadores; un escenario donde el consumo y el tráfico de drogas, el olvido y el desamparo social campean las calles, determinando de alguna manera el destino de los personajes. Sin embargo, Pilar Vélez se esfuerza por no contar esa historia única, se cuida de no presentar una sola versión de las cosas, y ofrece un fresco, desde distintas perspectivas –con grandes aciertos narrativos y poéticos- de la cotidianidad y lucha de estos personajes.

Corintia Zuluaga Trujillo Reyes González Santos Cruz, sí, con todos sus apellidos y abolengos, es la niña a la que acompañamos mientras crece. La vemos trepada en el palo de mango del patio de su abuela Rosario, tomando nota de todo aquello que ocurre a su alrededor, fisgoneando en la vida de sus vecinos, observando los comportamientos de sus amigos de juegos, escondiéndose de su abuela, quien por momentos se transforma en una especie de monstruo, que goza golpeando y humillando a su nieta, con un sadismo que raya en lo enfermizo.

En aquellos tiempos en Colombia era normal criar con violencia a los niños. De hecho, los otros infantes del barrio sufren los mismos vejámenes, a tal punto que sus madres se reúnen, para compartir sus nuevos hallazgos en cuanto a  técnicas e instrumentos para el castigo corporal. La violencia atraviesa la novela como una de sus principales líneas narrativas. Pero también el miedo y la esperanza.

Y esas líneas narrativas, como si fueran los rieles de un tren, echan a andar hacía el pasado, por la época en que la abuela Rosario era una bella y joven mujer, casada con Marco Antonio, el abuelo de Corintia, y en cuyo recuerdo yace la herida abierta que no dejará en paz a las generaciones posteriores. Nos encontramos ahora en los años cincuenta del siglo XX, después de una detallada contextualización de historia política de Colombia, en la cual se narran las décadas anteriores: el período de la Hegemonía Conservadora (1886-1930), el señalamiento y discriminación de los liberales, el posterior asesinato de Jorge Eliecer Gaitán (1948), y el desencadenamiento de una violencia que acabó con la vida de 300.000 personas, entre las cuales se encontraba Marco Antonio Trujillo, el fantasma que no dejará en paz a la familia de Corintia, hasta que la niña convertida en mujer, investigue a fondo las causas y los responsables del asesinato de su abuelo.

Fabián Mauricio Martínez G. durante la presentación de El Expreso del Sol de Pilar Vélez Zamparelli en el Café Nicanor durante la Gira Colombia, Estación Bogotá.

El Expreso del Sol narra la historia de tres generaciones azotadas por distintos tipos de violencia: la política, la histórica y la doméstica. A través de una estructura hábil y bien construida. De relatos insertos en otros relatos. De círculos concéntricos que se van ensanchando, a partir de una historia individual, que contiene la de una familia, que a su vez es la de un pueblo, pero también la de una época; en una suerte de arquitectura narrativa que se va construyendo, conforme avanza el relato, y que configura el origen y desarrollo de un monstruo de muchas cabezas –la violencia colombiana- revelando con trazos nítidos las patologías y la tragedia de nuestro país.

Fabián Mauricio Martínez G., escritor y periodista colombiano, ganó el 2º Concurso Nacional de Cuento RCN-MEN, y el 1º Concurso Nacional de Cuento del Instituto de Cultura y Turismo de Cundinamarca, Colombia. En 2012, 2013 y 2014, ganó mención como finalista del 2º, 3º y  4º Concurso Nacional de Cuento de la Fundación La Cueva. El sexo de las salamandras, su primera novela, ganó el Estímulo a la Creación de la Gobernación de Santander, categoría literatura, 2015.

Sus trabajos periodísticos han aparecido en la Revista DONJUAN de la Casa Editorial El Tiempo, la Revista DOMINGO de El Universal de México, la Revista VICE, Las2orillas y el portal de periodismo 070. En 2015 fue finalista del 5º Premio Latinoamericano de Crónica Nuevas Plumas. En 2017 fue seleccionado por la FNPI, como uno de los ganadores de la Beca de Periodismo Cultural Gabriel García Márquez.

Es autor de cuatro libros, dos de ellos de cuentos, Una Ciudad llamada Bucaranada y Cuervos en la Ventana, Editorial UIS; una novela, El sexo de las salamandras, Ambidiestro Taller Editorial; y una biografía juvenil, Me llamo José Antonio Galán, Editorial Norma.

 

Pubicado en: El Expreso del Sol
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Entrevista en CVLaVoz ( 7 Feb,2017 )

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